Una música anterior, de José Di Marco

Colaboración de Alexis Comamala |

José Di Marco: Una música anterior.
Ediciones Recovecos, 2010. Poesía.

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Barco de la desolación

Los poemas de Una música anterior, segundo libro de José Di Marco, nos traen una marea incierta sobre lo que sucede o sobre lo que (nos) sucederá frente al dolor. Este libro inescrutable donde la muerte toma al poeta para decir, donde el dolor juega con el embriagado, donde las palabras se ordenan sopesadas en alcohol y donde las noches cansadas del insomne poeta nos llevan a especular que todo acabará, es un testimonio de belleza del lenguaje.

El alcohol, esa llama doble, impregna las dos primeras partes de este libro (consta de tres partes y un bonus de dos poemas) siendo el poeta un barco ebrio a la deriva de las inclemencias del clima: la pérdida, la memoria, el amor, la tristeza, las heridas, las historias.

Adelantando los poemas nos vemos rodeados por lo sombrío, lo lúgubre y lo ominoso, por un lenguaje que acecha escondido:

El que escribe en el alcohol
escribe oscuridad en lo oscuro,
rastros que la memoria
deja fugándose,
flores secas en un jardín insomne.

La embriaguez del dolor escribe en el poeta la aciaga luz del mañana. Todo se confabula para que su pasado y este presente sean vividos en displacer constante en busca de algo que jamás experimentamos sino sólo a través del lenguaje. Lenguaje es vida. Una especie de bruma líquida vital arrastra a quien escribe como un fuego sin fecha exacta del incendio que se vive:

Palabra que arde y disipa,
en la mesa del que en alcohol
deja que reposen sus bestias nocturnas,
restos de un reino inmemorial, astillas
de una música anterior que se disgrega.

Qué sentido tiene que en diecinueve poemas nos encontremos varias veces con la palabra alcohol y otras cuentas de ese mismo rosario como resaca, ebrio, belfo sediento, sed se bebe, bebido, sin sed,  bebe, emborracharse, haber bebido, mano ebria. El uso de la palabra alcohol y sus variaciones no son un elogio del alcohol, esa llama que da vida y también fuego, sino palabras a babor de una nave que anduvo en la alta mar de la desolación.

José Di Marco, el mismo que navega la conducción junto Pablo Dema de la editorial Cartografías de Río Cuarto (con varios títulos de poesía y narrativa en sus distintas colecciones) y también del grupo ya disuelto Poetas del Aire (que vi en la cripta jesuítica de Córdoba capital hace unos años atrás), ha editado estos poemas para iniciados y comunes no para expertos, es un libro con remembranzas a Arthur Rimbaud: Resaca turbia, agua pesada, / donde el barco del ebrio boya y de allí quizás el legado insomne hacia toda atmósfera de los poemas.

Este libro es un diario íntimo y plural, poemas humanos no sólo de relojería de cotillón. Poemas para ser leídos en el vacío que da hacia una ventana al oeste en un día nublado en cualquier ciudad torva de este país. Quien toca este libro toca al poeta en su destino aciago por momentos; quien estos poemas lee se lee a sí mismo por momentos.

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