Asuntos internos, de David Voloj

Colaboración de Esteban Llamosas |

David Voloj: Asuntos internos.
Raíz de Dos, 2011. Relatos.

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Asuntos internos, con el título Perspectivas, ganó el primer premio del Fondo Nacional de las Artes 2009. El libro tiene nueve cuentos divididos en tres partes. Para ser más exactos, dos partes y un bonus. “Padres e hijos”, “Asuntos internos” y “Bonus-Tale”. La primera parte nos presenta una serie de relaciones familiares atravesadas por cierto absurdo cotidiano y un realismo inquietante que en algún momento estallará en pedazos. La segunda parte reúne cinco miradas sobre los mismos hechos, cinco miradas duras para una trama que perfectamente podría ser de género negro.

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“Padres e hijos”

“Gente con problemas” es el título del cuento que abre la primera parte del libro. Sobre un fondo de tragedia latente, en una situación familiar difícil, Voloj nos enfrenta a los pequeños horrores de la vida cotidiana, a esas pequeñas crueldades y ritualidades sin sentido que repetimos periódica y acríticamente. El clima es levemente opresivo, matizado con un humor que a veces lo descomprime y a veces lo potencia. Unos diálogos vacíos en la navidad, unas incomodidades apenas expresadas, nos recuerdan a los cuentos de Sergio Gaiteri. Sin embargo, a ese horror latente Voloj no lo deja como posibilidad abierta sino que lo resuelve: de uno u otro modo la tragedia (o la comedia, depende de lo negro que sea el humor de cada uno) se desencadena siempre.

Hay en el cuento una metáfora para entender el clima que prepara el desenlace. Los recuerdos del personaje se parecen a las mamuschkas, esas muñecas rusas que contienen en su interior otras más pequeñas. En las más diminutas, como en las capas más hondas del recuerdo, los detalles son intimidantes. Así es la lectura de Voloj en esta parte, uno va sacando mamuschkas y descubriendo el horror de la vida cotidiana en cada capa de lectura, a medida que se sumerge en la historia y en las voces de los protagonistas, en las capas de esa realidad familiar.

El final del cuento es conmovedor, porque de algún modo nos devuelve una esperanza después de habernos paseado por la tristeza.

En “Body art”, último cuento de “Padres e hijos”, ese lado oscuro que Voloj preanunciaba en los relatos previos (“Mascotas” también lo tiene) ya no está latente. Este cuento prepara la segunda parte del libro. La descomposición familiar ya es notoria y la vida de los protagonistas es un infierno. Conviven la hipocresía, los negocios sucios, la preocupación por la imagen social, la incomodidad en el propio cuerpo, el desprecio a los hijos. Y la venganza como motor de la historia, de esta historia, y de las que vendrán después en la segunda parte. El cuento, para los que gusten de las referencias cinematográficas, tiene un fuerte tono almodovariano, en la venganza, en los personajes, en la desmesura y en la transformación. Es difícil leerlo y no sentirse dentro de Tacones lejanos o de Carne trémula.

Al llegar al final de la primera parte una pregunta puede surgir inevitable. ¿Debemos leer estos cuentos en “clave realista”? Los modos en que los lectores enfrentan el texto, las interpretaciones que le asocian, a veces reniegan de las intenciones del autor. Parece claro que Voloj ha utilizado el realismo para luego hacerlo estallar en mil pedazos por su costado más absurdo, pero sospecho que un lector acostumbrado a cierta tendencia de este tiempo en la literatura cordobesa, puede percibir ese estallido como una desviación inverosímil. Puede no entender la clave. Dependerá, en última instancia, de los preconceptos con que cada uno se acerque al libro y de la mayor o menor confianza en el pacto de lectura que Voloj nos propone.

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“Asuntos internos”

Esta parte da título a todo el libro y la elección resulta acertada. “Asuntos internos” es la división de la policía que investiga a la propia policía, pero también puede entenderse como la trama clandestina de delitos y complicidades que se ocultan en la institución. O como “los asuntos internos” de los personajes, todos con una vida furiosa, escondida, que trasciende sus actos y les da otro sentido.

“Asuntos internos” se puede leer como una novela policial coral y negra. Voloj nos presenta un Pulp fiction a la cordobesa, unos Tiempos violentos de Colón y Cañada, donde los matones se llaman “Cara de vieja” y “Cara de noche”. Aún en el áspero tono de los policías, todo “Asuntos internos” puede considerarse una novela policial escrita con un lenguaje preciosista (una estética tan cuidada, quizás, que algún lector habituado al policial podría considerarla algo blanda para el género). Es una “novela” de perspectivas, de puntos de vista, donde cada mirada individual deforma y reconstruye el argumento que ya creíamos definido. Se pueden leer los cuentos o la “novela”, se pueden escuchar las voces o el coro. De las dos formas tiene sentido. Pero el sentido es diferente, porque este rompecabezas, aunque las piezas van encajando de a poco, nunca se reagrupa del todo. El rompecabezas es imperfecto, por suerte es imperfecto (y esto lo aleja de algún patrón del género policial, donde todo tiende a encajar con precisión), porque las piezas son de distinto tamaño. Cada personaje mira desde su perspectiva y llena de riqueza el texto. Como en todo coro, las voces individuales valen, pero el conjunto forma una pieza diferente a sus partes.

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“Bonus-Tale”

El cuento que cierra el libro se titula “Mensajes de texto”. Aquí nos encontramos con la masculinidad, el sentido del honor puesto en juego en una causa que parece menor, la idea de arriesgar todo por un asunto de machos. Otra vez la sombra del padre (como en “Body art”), el humor absurdo, los códigos férreos de la camaradería masculina, las lealtades absolutas en cuestiones triviales. El cuento utiliza una anécdota futbolística para decirnos otra cosa, pero cualquier lector futbolero lo entenderá bien, porque sabe perfectamente que cada partido de barrio, cada picado casual, se convierte para quien lo juega en la final de la Champions League.

En todos los cuentos las voces de los personajes están en primera persona. Son ellos los que narran, se autocitan y nos guían por el libro. Sus voces están rigurosamente trabajadas para diferenciarse entre sí. Es su propia psicología la que nos brinda las diferentes perspectivas argumentales. Asuntos internos es también la historia de esos personajes. La historia de un adolescente especial, de un enano que trabaja como mascota, de un tipo que transforma su cuerpo y termina transformando su alma, de un policía duro derrotado por un adversario que no ha sabido ver, de un actor devorado por su propio rol que se entrega dos veces a la muerte, de un matón perseguido por sus fantasmas. Es, aunque parezca extraño, la historia trágica de un encendedor.

La lectura de Asuntos internos, más allá del dilema que puede presentar la asunción de una clave estrictamente realista en la primera parte, tiene algo de conmovedor. En ese orden trágico, perturbador y algo bestial que Voloj nos muestra, todos actúan por amor. Amor de padre que pierde los límites y viste de marinero a un enano, amor a una prostituta experta en manipular, amor a uno mismo, amor al hijo ciego por una pasión desbordada. Todos actúan por amor y por eso los cuentos resultan inquietantes. Ninguno de nosotros está lejos de caer como los personajes.

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