Cría, de Laura Pratto

Colaboración de Marcelo Díaz |

Laura Pratto: Cría.
Ediciones Recovecos, 2009. Poesía.

|

Cría(s)

Siempre es un tema periodizar. En este caso el problema es cómo armar una biblioteca con autores locales que compartan un hábitat más o menos común, unas coordenadas espaciales o temporales que los identifique. Uno arma su propio mapa de ruta y de lectura sea por autores, colecciones, editoriales, movimientos, afinidades, y así. Conseguí Cría hace poco. No me había llegado el ruido del nombre de Laura Pratto. No sé por qué. Cercana en el espacio, es de San Francisco, y cercana en el tiempo, tiene mi edad. Las sorpresas son varias y en diferentes direcciones. Todas gratas, empezando con la desmitificación de la idea de que las mujeres no entienden de fútbol. A ver:

se envenenó la pelota, una vez
patié un tiro libre
y vi que la negrada se empezaba a alborotar,
pensé que había quilombo pero no,
le había dado a un panal de avispas.

Creo que el mérito del texto está en construir una obra desde una voz original no sólo por el asunto, lo que marca un distanciamiento con respecto a las representaciones comunes que giran en torno a la figura de la mujer como ajena el mundo futbolero, sino también por el léxico. Bajtín siempre remarcaba la cuestión de la selección léxica. En este caso los versos brillan en una constelación de sentidos que abarcan quema / patié / buraco / brasita de fuego/ tacuarita/ negrucho/ etcétera. La vida de los signos está en el uso, diría Wittgenstein, el significado de las palabras está en el uso diario que les damos. Los versos muchas veces brillan, además, por el modo en que articulan la resolución, el final, como en toda narración, y eso me recuerda a las máximas de Roland Barthes, haciendo vacilar al lector o, dependiendo de la situación, al oyente.

Edificamos nuestra identidad con palabras, discursos y de una u otra forma somos palabra y discurso. De ahí los epígrafes de Laurens y Roth. Es interesante porque en la obra de Pratto, de primeras, el lenguaje está al servicio de la pregunta: ¿quiénes somos? o ¿cuál es la fábula con la que nos alimentaron nuestros padres?:

¿le dijiste que sos hijo mío?
querías ver el apellido
que es de tu mamá

No sé si las preguntas se hacen para marcar un horizonte, es decir, para entender hacia dónde vamos. Pero los interrogantes, eso me sucede como lector, están ahí, como un agujero negro, buscando respuestas. También sobresale la capacidad para resignificar frases hechas:

una palabra tuya
bastaba para callarme
la misma ahora
da que hablar

Hacía tiempo que no leía un texto en el que se integraran en el poema discursos tan heterogéneos como frases en piamontés, frases cristalizadas, frases de esas que forman parte del imaginario colectivo, si esa definición existe, y que por ahí aparecen en las voces de personajes como la del Indio Solari: nunca fui un listo de pesos, siempre un listo de centavos, o la de nuestros mayores: el hisopo es peor manda la cera para adentro. Un texto que integra esa invención que algunos críticos llaman provincianismo con el corazón de la ciudad. Cría trabaja con las doxas, los lugares comunes con los que escribimos nuestra biografía personal, y por momentos las desmantela. Supongo que ése es el sentido de la poesía, no suturar nada sino abrir grietas en la experiencia.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cría, Laura Pratto, Poesía. Guarda el enlace permanente.