El dueño invisible, de Martín Toledo

Martín Toledo: El dueño invisible.
Ediciones Llantodemudo, 2011. Novela.
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Resulta grato cuando los libros salen por la editorial indicada, cuando hay cierto correlato entre el texto, el recorrido del autor, y la estética, la línea editorial, el catálogo del sello. Esa sensación me dejó la lectura de la última novela de Martín Toledo, que fue publicada por Llantodemudo, por el bajo perfil que cultivan el autor y el sello editorial, por la encantadora desprolijidad de ir corrigiendo mientras se hace.

En El dueño invisible un padre de familia ha llegado hasta su actual posición social de privilegio con una maniobra arriesgada y ruin: quedarse con medio millón de dólares destinados a pagar el rescate de su suegro. Trunca la operación, y puesto a correr el dinero en diferentes negocios, para el entorno inmediato todo quedó como el golpe de unos secuestradores sin códigos. Sin embargo, pasado el tiempo, el protagonista comienza a recibir mensajes mafiosos y extorsivos.

La fascinación con la moda y los artículos de marca que enumera con dudosa integridad mental y los gestos de nuevo rico resultan insoportables, hasta que un conjunto de particularidades termina de configurarlo en la cabeza del lector. En efecto, es paranoico, patético, culposo. El personaje está tan bien construido que el lector lo puede imaginar con justeza sin necesidad de recurrir a los antecedentes biográficos que brinda el autor.

En su frivolidad, es jugosa la relación del personaje con su esposa Berenice y con Mario Eduardo y Tohru Tessa, sus hijos mellizos, próximos a cumplir quince. También aparecen los vecinos del country: un núcleo inconsistente de gente con nombres extranjeros y comentarios aburridos, que sin mucho esfuerzo procuran obtener amantes dentro del mismo circuito de relaciones.

Antes, había sido un pibe de Barrio Comercial de Córdoba, que tocaba rock con sus amigos; junto a marcas de productos digitales súper nuevos en su cabeza cocktelean nombres como Sandro Bandalá, Siouxsie & the Banshees, Ariel Ferrari, Talking Heads, el pastor Bevilacqua, Joy Division, Alicia Poletto.

Ahora, dueño de un hotel y con acciones en empresas de diferentes países se va sumergiendo en un caos que involucra a un perro loco, una camioneta misteriosa, un robot hipersensible, un event planner, un mago húngaro y a los ya de por sí traumáticos días que rodean a la navidad.

La novela avanza, desprolija, adquiriendo emotividad página tras página y trabaja sobre la toma de posición ética del lector sin perder el humor, a partir de un corrimiento desde el rechazo hacia la empatía con el personaje principal (probablemente, porque todos los demás son peores que él). No se trata de un policial, ni de una novela de suspenso, tampoco es abiertamente humorística, sin embargo está construida en un valle donde confluyen rasgos de todas esas vertientes, al estilo, podría decir, de las novelas de Alejandro López, por lo sórdido y desopilante.

A su vez, parece que hubiera sido concebida sin un plan previo, es decir, no se ve con claridad una clave de lectura, o en todo caso, hay muchas pequeñas pistas, disociadas, pero que no conforman una clave de abordaje. El lector no cordobés, por ejemplo, quedará en ascuas con algunas celebridades locales mencionadas en el texto —Alicia Poletto, Sandro Bandalá—, pero no se trata de un recorte local, porque ése es el único pasaje en donde aparece un rasgo regional. También con su melomanía plantea cierta pista, pero no deja de ser un guiño acotado a aquellos que escuchaban determinada música, en determinada época, en algunas ciudades grandes (inimaginable que te pasaran Joy Division en la FM de un pueblito hace más de veinte años). A fin de cuentas, el autor construye un universo rico y particular, y uno se atreve a imaginar que hay mucho de su experiencia real puesto al servicio de la ficción.

Aunque el apuro por narrar por momentos traicione a Toledo y queden rebabas, la novela avanza con desmesura hacia un final que el lector no quiere que llegue. El dueño invisible merece un volumen dos, aunque no sea tan entretenido.

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3 respuestas a El dueño invisible, de Martín Toledo

  1. Dant dijo:

    Poseído por el diablo este escritor.

  2. Sofía dijo:

    ¿Cuándo vuelve Eramos tan punk

  3. Nicholas dijo:

    Yo lei el otro libro. la historia sigue y está buena. es el de Siempre es ahora.

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