Danger, de Juana Luján

Colaboración de Laura Pratto~ |

Juana Luján: Danger.
Recovecos, 2011. Poesía.

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Danger por primera vez. Para ingresar al libro de Juana Luján hay que pasar por alto el letrero, cancherear, hacer de cuenta que la inequívoca palabra en inglés, danger, puede resultar inofensiva, quizás por la cantidad de veces que se ha dejado ver. Qué peligrosidad pueden esconder las cosas que tenemos vistas. A pesar de la advertencia entramos desprevenidos. La sensación es de transgresión menor: empezamos a leer como quien pisa el césped.

Palo non sancto. La primera sección del libro nos recibe con un título que parece justificar el no haber tomado excesivas precauciones. “Árbol familiar”, presenta Juana como la anfitriona que sencillamente abre una tranquera, cortejada por perros con toda la impresión de ser mansos.

Cuentan mis abuelas y tías abuelas/
que allá lejos/

Invita a escuchar Juana pero también se ataja señalando la exactitud de su distancia:

102 años/
y quien sabe cuántas bocas/
para que hoy yo cuente/ con la certeza de quien ha visto.

Nos arroja el guarismo a secas, escrito en números, como el único dato científico que ha podido recolectar de ese conjunto rumiado de acusaciones que es su álbum familiar: Dice mi madre/ que dicen mis primos/ que dicen mis tías abuelas. La cifra expresada con rigor parece estar allí para legitimar hechos malditos que hasta el momento del libro habían sido dichos a medias, podría suponerse, o a los que la musicalidad del relato oral a través de las generaciones había logrado hacer pasar por tenues:

La mató —dicen— con un hacha/
que clavó en su espalda/
después de esperar hora, hora y media,/
tras la puerta.

se acostaba con su hijastra
ya preñada y que para no vivir
en pecado decidió enviudar.

La supuesta amabilidad del árbol en ese título, que por un instante pudo ser el preámbulo de una tarde de fotos familiares compartida con la dueña de casa, rápidamente se degrada: el de la genealogía de Juana, si árbol, está más cerca de uno carnívoro, engordante en la fantasía, como esos que aparecen, temibles, en las leyendas tribales, en las historias que se narran para aleccionar. La autora lo había avisado: peligro, y ahora ya es tarde, ya estamos curiosos de esos detalles de sangre que ella recita con impudicia. Escribe sobre lo que tanto se ha hablado y en ese acto distinto Juana Luján da su fe, rubrica: peligro, ella es de ese palo.

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Danger por segunda vez. Habíamos obviado un cartel que no era menor. Ahora sí la palabra nos alcanza, intimidados ya por esas manchas densas en la cartulina rústica del álbum, por la evidencia de que algunas fotos han sido arrancadas de cuajo:

calado su retrato/
un agujero oscuro en el centro de la siesta.

La segunda sección del libro se llama “Danger” y entramos tensos, el libro ha conseguido confundirnos con respeto a nuestra propia naturalidad, nos ha perturbado. Allí, en ese terreno donde ya nadie es de fiar, aparece Walker, personaje o idea a la que la autora le dedica cuatro poemas para revisar un movimiento. Inspeccionar una tragedia familiar gravitante es también eso, revisar un movimiento, un acto orgánico:

Ingresa/
en el trajín de la gente/
como en las paredes.

“Walker” es la primera subdivisión de “Danger”, un desplazamiento que responde a su ley.

Y nosotros quietos./
Siempre quietos./
Mirándolo pasar.

El siguiente cuarteto de poemas se llama “Tetas” y habla de un árbol pujante en el seno del ser: un carcinoma, la ramificación silenciosa luego de que se nos vociferaran los secretos del árbol familiar y a éste se lo expusiera con toda su anomalía celular. La tragedia singular, concreta, luego de que otras tragedias viborearan latentes a lo largo y ancho de todo un clan. La influencia de los antepasados, el poder reproductivo de una enfermedad, fuerzas tan naturales.

Para el invierno/
el tumor ya tiene/
el tamaño de un durazno chico.

Un único poema es la tercera parte que completa esta segunda sección. Se llama “Danger”.

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Danger por tercera vez. Sí, antes de que se complete la lectura de este libro Juana Luján lo habrá anunciado tres veces.

Después/
una sopa de arvejas/
algo de tele/
el horno prendido para calentar la casa/

Algo para no entrar en pánico, aunque ya sentimos las ramas de ese árbol supervivo al darnos su abrazo un tanto asfixiante.

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Una respuesta a Danger, de Juana Luján

  1. Tamarit dijo:

    ¡Qué lectura más copada! Dan ganas de leerla de nuevo. Y de conseguir el libro, también. Qué cosas turbias que se cuenta que cuenta la escritora…

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