El entrerrianito, de Mauro Cesari (II)

Colaboración de Gabriela Halac~ |

Mauro Cesari: El entrerrianito.
Alción Editora, 2009. Poesía.

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Sin pretensiones de desalojar el texto

“El Quijote, dice la crítica, es él y todos los libros que se escribieron sobre él. Como una enorme bola o una masa de comentario en expansión que interviene primero en el objeto, al parecer lo completa (le tapa los huecos) y al final, sin más, lo sustituye. Cervantes queda desalojado, y su lector también.” Héctor Libertella
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 Pensamos a través de comparaciones mucho más seguido de lo que quisiéramos,
o al menos de lo que yo quisiera.
Aprendemos por repetición y luego la repetición como un síntoma, entonces
nos desvelamos pensando en cómo no repetir.

Comparamos para constatar.
Podría pensarse que un lector busca algo que se repita o se replique o se enfile
en una corriente sanguínea, generacional o degeneracional.
Cualquier cosa es útil para hablar sobre el sentido de una escritura.

 Hago estas reflexiones mientras leo el entrerrianito.
Me propongo vigilar mi lectura, descubrir los momentos en que escaneo en mi cabeza “lo que es” y en esa persistencia pierdo “lo que es”. Pretendo asumir sentido de esta vigilancia ante el riesgo de que todo puede transformarse en la representación de algo, perdiéndome de la lectura del objeto inmediato que pretendo.

Afortunadamente siempre hay algo se presenta por sí solo.
Lo menos común en la literatura son aquellos libros que se escapan a las clasificaciones.
Las rarezas.
Éste es uno de ellos.
Definirlo como inclasificable es una clasificación, quizás el señalamiento más claro que demuestra la paradoja en la que nos vemos metidos cada vez que tratamos de nombrar.
Afortunadamente comprendo que las palabras no son las cosas
y que este texto no es “sobre el entrerrianito”.

El entrerrianito es un río tipográfico cuyos márgenes son capaces de extenderse
por diferentes cauces interpretativos.

 Éste es uno.

Es posible crear la categoría de lo no convencional sin poder, sin embargo, identificar
las características comunes de ese grupo.
Aunque parezca un juego de palabras
la única característica común de este conjunto es la falta de una característica común.

 Otro problema.

Solemos agrupar a partir de generalidades que obstruyen nuestra visión al interior de lo singular y nos quedamos sin el lugar de la palabra escrita a propósito de sí misma
y de su naturaleza.

Decodificamos, creemos saber qué significan aquellos signos que me preceden,
que provienen de un entendimiento anterior al propio.

El entrerrianito está afuera, es otro.

El ordenamiento de un texto en un grupo
¿aparece a partir de la capacidad de leer o de la necesidad de leer?
El sentido que edifico, ¿a quién le pertenece?

El paso que sigue es identificar características comunes que incluyen el texto dentro
de un conjunto. Cada conjunto se mueve en un sentido y con una orientación.
Aquello que no forma parte de un conjunto también se mueve en un sentido
y con una orientación. Lo que los diferencia se funda principalmente en las motivaciones
que implican la escritura.

Este libro se mueve.
Construye su propia orientación,
se desplaza y produce un fenómeno de afectación donde los hechos devienen materia.
El devenir de la palabra estalla en múltiples posibilidades de componer el sentido.
No hay un lugar de llegada de la palabra.
Los poemas de el entrerrianito son su propio paisaje
una escritura que se aleja en una navegación propia
que profundiza en los problemas de la presencia-ausencia de formas.
Las formas que se presentan son parte de una naturaleza que desborda y se independiza
de cualquier lógica previsible.

“Óptica ilusión de un Rostro donde sólo hay puntos que unimos torpemente”

El mismo libro se pregunta por la imagen falsa que puede construirse al tratar de dar forma a lo que se percibe.
Este texto, ¿me propone leer sin configurar?
Desarticular el rostro que necesitamos construir, abordar la experiencia de ser afectados por la palabra como si fueran ráfagas de viento o la corriente de un río.
Poner más de mi cuerpo para comprender lo que no está pero se presenta como una manifestación. Palabras en movimiento, en formación, cuya identidad es un juego de asociaciones,
resonancias e invención:
“El río esta tarde es compact tildado / raro avance inverso / desarti / culado”

Este texto se mueve.

La clasificación como modo de incluir a un texto dentro de una lógica de sentido prefijada en un determinado campo, es una forma de garantizar la comprensión colectiva
en un sentido unívoco que circunscribe las expectativas del conjunto y a partir de ello
su posibilidad de cumplimiento.

La clasificación logra ser funcional al mismo sistema que construyen.

 Este libro construye un sistema.
Este libro no es funcional a un sistema pre-existente.

No podemos más que reconocer en la clasificación una capacidad infalible de apaciguar
la escritura, comprender dejando en un segundo plano la singularidad,
los motores propios de la escritura.

Este libro ¿es salvaje?

Escribir puede ser inscribir-se, o puede ser inscribir-otro. Otro que hace culminar
mi escritura dentro de una perspectiva que le otorga valor.

 ¿Cuál es el valor de una obra?

Aunque seamos incapaces de leer sin clasificar, hay obras que remarcan su sentido intrínseco apartándose de la necesidad de verificar más allá de lo que ellas mismas
se proponen, sin por ello excluirse del diálogo.

Estas obras, disparan vectores inesperados y confunden los límites de la capacidad lectora y el valor escritural.

Mauro Cesari diría, “la definición de poesía experimental es un insulto, porque
¿cómo podría la poesía no serlo?”.

¿Hemos perdido la capacidad de apreciar sin marcos de referencia?
¿cuál es hoy la experiencia de la lectura?

El entrerrianito es un paisaje que se describe y al mismo tiempo se construye.

Es una constante transformación de la naturaleza, un acto de creación sobre aquello
que se nombra y que al mismo tiempo alude a la experiencia de ser parte de ese paisaje.

“Sólo / ser devorado por el hambre sería terrible / que me ahoguen en la sed de ese hambre sería terrible aún / cuando lo preciso sea que ese sentido ese manatí se hunda y lo que acuda a / nosotros / a humedecernos sea un chapuzón / una aurora de negritos que juegan tenaces y con ramas / dibujan letras / sobre el río que corre”

El entrerrianito propone un juego sobre las formas de la naturaleza y las formas
de la palabra y por momentos expone claramente esa decidida y delineada construcción
de paisajes familiares que se van extrañando gracias a una vertebración consciente:

“solo / tenemos / memoria de un presente / vertebrado / al producir pasado”.

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En El lince miope, este mismo libro también fue reseñado por Federico Racca.

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