El neorromanticismo, de Diego Fernández Pais

Diego Fernández Pais: El neorromanticismo.
Alción, 2012. Novela.

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1. ¡Bailen, putos!

La novela breve El neorromanticismo fue publicada recientemente por Alción, una editorial cordobesa de larga data cuyo valor nadie podría cuestionar, si bien en los últimos años acusaba la necesidad imperiosa de una renovación en su catálogo. Quizás para subrayar esa intención, el escueto texto de la solapa, después de informarnos que el autor —Diego Fernández Pais— nació en 1987, redunda enseguida con el dato de que “es un escritor joven”.

Jovencísimo, sí, ya nos habíamos dado cuenta, y con un comienzo tan auspicioso y prometedor como el de su primera novela, que empieza en una de las discotecas más chetas de la Córdoba de 2004, con una voz que le exige a la concurrencia: “¡Vamos!… ¡Bailen, putos!”.

Será sobre todo la frescura del lenguaje la que impulse el resto de este primer capítulo. Lo fresco sería la liviandad, la soltura y la naturalidad de una voz juvenil en armonía con las circunstancias narradas; una voz que nos guía sin tropiezos desde un levante de discoteca hasta un escena en un hotel alojamiento. Dicha escena se resolverá al borde de lo verosímil, pero felizmente sin cruzar ese borde, como un triplero que intuye a sus pies la línea que no debe pisar mientras calibra su disparo. El primer capítulo de El neorromanticismo empieza de esa forma: con un desparpajo muy entrador y ganando tres a cero.

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2. Karaoke literario

El segundo capítulo —un karaoke en 2002— amplía el interés por descubrir hacia dónde se dirige el texto. Con una estructura de saltos temporales comprendidos entre 1988 y 2011, los doce capítulos de la novela se sucederán dejando buen aire entre ellos para que el lector complete en su mente la biografía de Diego Goldman: judío cordobés nacido a principios de los ochenta, hijo de una mujer desaparecida por la dictadura, fanático de Babasónicos y obsesionado con la sexualidad, la política, la (meta)literatura y la búsqueda de un curso de acción que integre algunas de esas categorías, por descabellado que pueda ser. Dicho afán cuajará en una idea potente de Goldman, un plan delirante que por el bien del relato conviene no revelar aquí.

“Escribir una novela es como hacer un striptease: es algo que hay que ir haciendo despacio y de a poco”, dice el epígrafe, atribuido a Manuel Puig. Estimo que, en virtud de la gran fluidez del texto, los lectores de El neorromanticismo estarán dispuestos a aceptar que la novela no sea del todo fiel a su propio lema. Cierta prisa en su factura se va diferenciando poco a poco de su delicioso desparpajo inicial; hay pecatta minuta en diálogos y también en el establecimiento de ciertos verosímiles temporales. Nada grave, aunque sí desilusione un poco que, en un parcial de quinto año de secundaria, en 1997, Goldman responda con conceptos claramente “tomados” de Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq (citados y revisitados también en El mundo como supermercado), lecturas muy poco probables para él dada la fecha de publicación de dichas obras. Estoy al tanto de las alambicadas teorías de intertextualidad que podrían justificar ese breve momento de “karaoke literario” en la novela, pero eso no implica que personalmente las comparta.

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3. Mutación satírica

De la mitad de la novela en adelante, aflora terminología política (por ejemplo, hay dos capítulos titulados “Histeria y juventud peronista” y “Vórtice kirchnerista”); algo de la frescura inicial comienza a desvanecerse. Hay menos vitalidad en el último tercio de la novela, que muta en sátira política.

Escondido tras las almenas de su irónico castillo, todo satirista dispara flechas a los muchos bandos que pelean abajo; se ríe de todos sin apoyar a ninguno, señalando así los absurdos de la disputa. ¿Puede exigírsele a Fernández Pais que tome partido por algún bando? No, y si el lector espera una toma de posición, el autor se cuida de expresarla abiertamente: mientras, se mofa del kirchnerismo y del peronismo en general tanto como de la derecha recalcitrante, expresada en uno de sus tentáculos mediáticos (el periodista “Nelson Solares Molá”).

Cierta parte de esa sátira hace pie en cuestiones de coyuntura. Si es cierto aquello que dice Bourdieu acerca de que “un libro cambia por el hecho de que no cambia mientras el mundo cambia”, no cabe duda de que la manera en que se leerá esta novela cambiará cuando nombres como “Guillermo Moreno” hayan perdido el peso de su inmediatez y ya no sean referentes fuertes que puedan sostenerse sin las muletas de una llamada y una nota al pie.

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4. Lo que sé

Hay también una irónica disquisición sobre “Neoliberalismo y metaliteratura”, el divertido capítulo 9, aunque tal vez sólo resulte gracioso para otros escritores (o lectores expertos que puedan comprender las referencias vertidas en él). A lo largo del texto va aumentando el cúmulo de citas cultas: esto aparenta ser la expresión exterior de cierto “corazón teórico” que late en secreto y se esconde en el centro de la novela, aunque a la larga tal vez no revele más que cierta presuntuosidad del autor. Fernández Pais parece muy interesado en “confesarnos que ha leído”; me pregunto cuál es la necesidad de una confesión así después de habernos ofrecido un arranque pujante y atractivo donde —sin necesidad de otras credenciales— ya nos convenció de que, antes de leer, también ha vivido.
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En lo personal, y más allá de cualquier pormenor mencionado en esta reseña, me entusiasma la aparición de una novela como ésta. Vale la pena asomarse al libro de Fernández Pais para disfrutar del estimulante desconcierto y la diversión que provocan su plan narrativo y su frescura. El neorromanticismo se gana a pulso al lector que lea sus primeras páginas: el texto se lo lleva consigo y lo invita a discutir con él, con sus ideas desaforadas, sus afanes literarios, sus bromas filosóficas y sus ironías políticas.

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4 respuestas a El neorromanticismo, de Diego Fernández Pais

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  2. Reblogged this on sujetossujetados | cultura y política and commented:
    Acabo de leer esta reseña. No conozco al novelista ni al crítico, pero me encantó su factura.

  3. Tamarit dijo:

    Me preguntaba, mientras leía la reseña, sobre por qué “neorromanticismo”. Lo único que tenía en mente eran los neorrománticos de los ’40, pero, muy al parecer, el novelista habla de otra cosa. Saludos.

  4. Tamarit: es muy pertinente tu duda respecto del título. También asoma mientras se lee la novela. Habrá que preguntárselo al autor. Saludos.

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