Trabajo social, de Sergio Gaiteri

Colaboración de Emilio Moyano~ |

Sergio Gaiteri: Trabajo social.
Editorial de la Municipalidad de Córdoba, 2011. Relatos.

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1. A diferencia de otros soportes, el libro en papel nos permite ver que estamos llegando al fin; uno puede inclinar la mano con la que sostiene el ejemplar y calcular la cantidad de páginas que le faltan para terminar, puede de algún modo prever el futuro.

Si atravesamos esta experiencia de fin, este momento de consumación, estamos emitiendo también un juicio estético. Autor y lector, en tal caso, deben sentirse satisfechos. Las cosas han llegado a buen puerto.

Algo de eso es lo que sucede con “Seguros”, el último relato de Trabajo Social de Sergio Gaiteri, el relato con el que se cierra el libro. El lector se siente satisfecho.

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2. Un hombre recibe un llamado telefónico. Han encontrado el auto que le robaron un par de semanas atrás. La posibilidad de cobrar la póliza del seguro contra robo acaba de esfumársele como una nube. El hombre se lamenta, se confunde, se compadece a sí mismo, pero finalmente acepta la situación; más allá de no tener trabajo, de que el auto está destrozado, etcétera, debe seguir adelante. No tiene otra opción.

El tiempo más tarde le reservará algunas expectativas. No obstante, nada cambiará demasiado. Es así como un domingo, luego de un frustrado día de campo, una de esas jornadas de silencios interminables y vecinos tan políticamente correctos como inoportunos, el hombre llega a su casa con su pareja, entra el auto en el garaje y sin querer lo choca contra la pared. En ese momento, algo se rompe en su interioridad. Entonces vuelve a arremeter, una y otra vez, pisando con todas sus fuerzas el acelerador, contra el mismo punto de la pared. Así hasta que el motor se detiene y un chorro de agua caliente salta del radiador en dirección al techo, y el humo cubre toda la superficie del garaje.

De eso trata el argumento de “Seguros”. En el mismo tono, plantea algunas otras conclusiones más, pero no vienen al caso.

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3. El tema del relato es la propiedad, la relación del hombre con la propiedad. Cuando le avisan que el auto está en un taller de Villa Libertador, el hombre reacciona: “era lo peor que podía pasar”, dice. De la misma manera, la forma de olvidarse un poco de todo y justificar su existencia se reducirá, luego, a quedarse “en casa y cobrar la plata que por esos meses” le daría el Seguro de desempleo. El hombre representa al hombre cotidiano, de hábitos burgueses, a uno de esos tantos hombres condicionados por sus mayores a seguir adelante a pesar de todo, a convencerse de que la existencia tiene un punto de partida y un punto de llegada, sin obstáculos infranqueables en el medio. Un motivo conocido para la literatura pero que en este caso, sobre el final del relato, adopta un aspecto diferente.

Los primeros griegos pasaron del mito a la razón, de la ley natural a la ley positiva, en busca de un cosmos igualador; el narrador/protagonista de “Seguros” se ordena en un proceso inverso, digamos, en una sacralización de lo cotidiano. Convierte su conducta burguesa, su realidad existencial, en algo místico y sagrado. El acto de entrar el coche en el garaje se traduce, entonces, en una oportunidad para desvincularse del mundo material. En un chocar contra las paredes de sí mismo, una y otra vez.

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4. Forma y fondo no deben separarse. Es una idea que trajo a la luz Alexander Pope en el siglo XVIII y que Georg Lukács trasladó al mundo de la narrativa dos siglos después. El tema de un relato no se halla desligado de la manera de contarlo. Sergio Gaiteri aplica esta teoría. Sin embargo, determinar esta cuestión en “Seguros”, y en el resto de la totalidad de Trabajo Social, no es tan simple como parece.

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5. Normalmente, podría asociarse a Sergio Gaiteri con el realismo. No obstante, lo que estaríamos diciendo con ello es que sus cuentos son cuentos naturalistas. Con lo cual estaríamos ante un análisis por lo menos precario: quedarnos con el aspecto naturalista de la obra de Gaiteri resulta más o menos lo mismo que subirse a la línea del 600, recorrer la ciudad en una dirección, y luego bajarse, tomarse el 601, y hacer lo mismo en la dirección contraria.

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6. Aquí el acento está puesto en la tensión dramática. El contexto es simplemente referencial. El realismo proviene de la acción de los personajes; no de las marcas temporales y espaciales. Quiero decir que el realismo en “Seguros” (en Trabajo social, en verdad) es una actitud, una manera de comportarse, no un estilo literario. El realismo de esta obra consiste en una especie de respuesta ante los fenómenos que nos rodean, una modalidad del espíritu.

(La necesidad de transferirlo todo al lenguaje, en una manera mecánica, pasiva, o fotográfica, no es más que un mero formalismo, un formalismo estético, como el que impulsaban los escritores del Nouveau Roman. No creo que Sergio Gaiteri tenga mucho que ver con eso).

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7. Podría argumentarse, por otra parte, que Trabajo social reproduce una estética pesimista. Este enunciado –desde luego, válido–, no es ni verdadero ni falso. En el fondo, la calidad de una obra, la cuestión del tema y su trasfondo moral, no están en la obra misma sino en el ojo que la evalúa.

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8. Tanto “Seguros” como los otros seis relatos que componen el libro, además de no formar parte de una poética realista, en el sentido tradicional del término, tampoco forman parte de una poética pesimista. Todo (a mi juicio) se circunscribe a una sacralización de lo cotidiano, a un ejercicio donde la realidad se convierte en invención. Se convierte en mito, en última instancia.

Sergio Gaiteri confecciona de un modo admirable el epítome de esa transformación. Y es precisamente por eso que uno puede leerlo de principio a fin, casi sin darse cuenta de que lo está haciendo. Apenas en un tirón.

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