El hombre linterna, de Donald Schenker

Colaboración de Laura Pratto~ |

Donald Schenker: El hombre linterna.
Recovecos, 2012. Poesía.

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También la luz en sí misma se pierde, dice Octavio Paz en su poema llamado “Destino del Poeta”. Un verso final que es metáfora, en ese caso, de la utilidad de la poesía, puede quedar reducido, para alguien que padece una enfermedad en su fase terminal, tan descarnado, tan concreto como una ley de la óptica, la sentencia de una física salvaje.

El poema que abre El hombre linterna, cuyo título es “Punto sin retorno”, da cuenta de que una física salvaje, un veredicto natural se ha desatado:

habiendo estado afuera tanto tiempo
la pendiente ha reclamado el camino

Donald Schenker escribió los poemas que integran El hombre linterna durante la etapa final de su cáncer, mientras aprovechaba la luz. La luz solar alrededor de esa cabaña en el norte de California en la que se refugió tras conocer su diagnóstico; sí, usufructuó al máximo ese bien natural, pero también aprovechó la luz como símbolo.

Ya en el segundo poema aparecen unos árboles que parecen pedir la limosna, hay persecución de la luz como imitación de vida.

De noche los robles
se apiñan alrededor de las ventanas
en busca de luz.
Cuando soplamos nuestras lámparas
ellos miran las estrellas.

[en “Mendigos”]

Se intuye la conveniencia de la luz, se busca ese contacto atávico, pero como suele ocurrir con un diagnóstico de gravedad, la idea impacta y no deja tiempo ni lugar para defensa alguna.

…aparece y lanza sus rayos
directo en los ojos de los árboles
estén listos o no…

Este fragmento del poema “Buenos días California”es la primera advertencia de la ambigüedad que por naturaleza tienen esos haces perseguidos.

Esta mañana la luz baja a gran velocidad por la colina
como un camión escolar con las luces encendidas…

…y yo, el maestro
con el sol en los ojos…

[en “Alto amanecer”]
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Esta luz es algo serio.

Habrá que ponerse ropas oscuras para caminar bajo esta luz.

[en “Esta luz”]

Y en esa caminata sin ingenuidad, sin el brillo que nos fue dado siendo niños, como dice otro verso, ya no hay paisaje idílico ni confort por sentirse cercano a la naturaleza. Saberse perteneciente a esa comunidad biológica, donde “el animal no reserva para el hombre una mirada especial”, en palabras de John Berger, hace sentir las limitaciones de la especie. El único lenguaje común parece ser la mortalidad.

Al atardecer las oscuras polillas
aletean como monedas giradoras.
Ellas han venido a comprar los robles
a precio de hoja por hoja.

[en “Dinero”]

En una entrevista radial el autor supo contar que el descubrimiento de su cáncer despertó un deseo de vivir muy poderoso.

Desearía no tener cáncer, rubrica en este libro.

¿Qué precio hay que pagar para que la vida se alargue? El deseo exige su contraprestación. El poema “Mensaje” sacude con una demanda:

Bajo el sol
el huerto reclama
mi atención.

Unos viven de la energía de otros. A lo largo del libro hay versos con esa conciencia de la cadena trófica.

… los cerros son comidos por el cielo…

… El cielo de la mañana se está comiendo a la luna.

…Puedo imaginar
a todos los rapaces nocturnos de la zona
y a todas sus presas…

… Afuera, sin embargo, donde los perros comen perros
y los pájaros no hacen otra cosa que cantar por su cena
se come primero y se medita después.

Encuentra el tumor, se apodera de él
como un coyote. Como un lobo
lo echa en sus molares para triturarlo.

 Los animales se satisfacen como sólo un cáncer es capaz de hacerlo. Tienen ese tipo de hambre.

Las vacas necesitan sentimientos verdaderos, escribió Schenker en “Datos útiles sobre la danza de las vacas”.

Cada animal que puebla ese cordón salvaje y cercano, es a su vez tótem y amenaza.

Sueño al búho, dice uno de los poemas. En la entrevista radial antes mencionada, Schenker contó que ese deseo poderoso de vida lo llevó a la práctica de la meditación. Y dijo que durante ese período, en sus visualizaciones, solía aparecérsele la figura de un búho, como una suerte de asistente espiritual con el que había establecido una alianza.

En los sueños el mensaje no es de luz. El búho es ancestral portador de lo ying, esa energía circula por otros versos:

La noche me desea
locamente. Me presiona
con olores oscuros.

[en “La noche y yo”]
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Anoche la luna se metió en nuestra bolsa de dormir.

Ella prefiere hueso, la luna;

[en “Durmiendo con dos mujeres”]

En “Cirios para el desayuno” el poeta advierte cómo un influjo abrasa al otro: cirios encendidos en la luz del sol.

Chinches muertas, excrementos de ratón, un murciélago. Presencias que aparecen cuando uno deja una casa. El poeta atesora los mensajes del búho y a su vez les escapa. El título de un poema evidencia ese dualismo. Se le desconfía al sonido místico, al artilugio que calma: Mantrap, mantra y trampa se confunden.

El animal tiene un secreto que el poeta intuye como hostil, sin embargo prosigue con su ejercicio. Vuelve una y otra vez a visualizarlo.

“Hay algo en los animales y en los niños que concede curación”, le dijo en cierta ocasión a su amigo Jack Foley, según cuenta éste para Berkeley Daze. Allí Foley cuenta que para Schenker la curación no implicaba necesariamente una mejoría de salud, sino que él hablaba de sanar con respecto a la idea de la muerte, como tarea. Así como por momentos en El hombre linterna el animal es el sinónimo de la enfermedad, en otros su aparición podría resultar terapéutica.

Recorrimos nuestros propios caminos
hacia la pradera, el oso y yo.
Nos íbamos a encontrar allí.

[en “Mediodía en la pradera con el oso”]
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Sin temor, el venado se acerca.

[primer verso del poema cuyo nombre
es nada menos que “Curación”]

La linterna podría ser la luz curativa. Pero en El hombre linterna la persecución insistente de la luz quizás tenga que ver con que la palabra linterna, la que da el título, se impone verdaderamente en su última, olvidada acepción. La linterna era la jaula de hierro donde se solían poner las cabezas de los ajusticiados, y es en la obra la comprobación de que no hay imágenes que sean de fiar.

Como el título de uno de los poemas, “A May Day”, que traducido como “Un día de mayo” pierde su polisemia. Mayday podría aludir  a esa palabra que se usa en los códigos internacionales de emergencia como un pedido de socorro. En la gramática inglesa may es, además, un verbo modal. Se usa para expresar posibilidad. “Puede que, podría, quizá”. Ese día de mayo en el que el poeta no pudo resistir la paz perfecta y rió tan fuerte que lloró, también pudo haber sido el día de una expresión de deseo que quedó a medio camino. Naturalmente.

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El presente texto reproduce total o parcialmente lo expuesto por la autora de esta reseña en la presentación del libro.

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