Entonces el libro, de Alex Appella

book FACE onlyAlex Appella: Entonces el libro.
Viento de Fondo, 2013. Collage.

Alex: el comienzo

Es difícil prescindir de un intento de relato intrigante para ordenar estas palabras. Alex Appella, la autora de Entonces el libro, es escritora y artista de libros, tal como ella se define; nació en un pequeño pueblo al este de Oregon, en Estados Unidos, y a medida que se fue volviendo adulta comenzó uno de esos procesos (en su caso, intensificado por el tamaño y los misterios de su familia) que es recurrente en los inquietos pero que siempre es particularísimo y dispar: tratar de dilucidar las raíces propias. Dar un bruñido concreto a la arcilla de la identidad.

El resultado de la indagación de Alex es notablemente superior y complejo en relación a su producto gráfico, el objeto de esta nota. Alex se dedicó a entrevistar familiares y otros “informantes” en distintos puntos del mapa (América del Norte, América del Sur, Europa del Este), y a juntar imágenes y documentos para comprender el, en principio, opaco pasado de su familia. Frente a la escasa información inicial, el resultado, después de dos años de elaborar líneas de tiempo, árboles genealógicos, reconocer y ordenar fotografías y transcribir entrevistas, fue abrumador. Tan abrumador como es digerir la intensidad que se desprende de las páginas apaisadas de Entonces el libro, un recorrido non-fiction en palabras e imágenes que problematiza el dolor inacabable de una familia desmembrada por la más brutal de las guerras conocidas.

La familia

Entonces el libro comenzó a ser posible, y luego se volvió denso, a partir de una voz decisiva: la de uno de los tíos abuelos de Alex, que residió en Argentina desde 1949 hasta su muerte en 2003, a los 93 años. La decisión de la autora de cambiar los nombres de sus familiares hizo que quien abrió la puerta del dolor y permitió el tránsito por pasillos para muchos desconocidos se termine llamando, para el lector, János Szenti. János, tal como insiste Alex en el “eje” narrativo del libro, decidió comenzar a hablar en 1994. Comenzar a hablar se traduce en dar (a) luz tardíamente: no iluminar zonas oscuras o confusas de una historia, sino inaugurar zonas desconocidas. Dar vida, con el recuerdo, a familiares que en el presente de la autora, y de su madre, y de algunos tíos, nunca habían existido. Mostrarle a los nuevos quiénes fueron realmente los viejos, antes de que se apague la luz definitiva. Una verdadera reescritura, luego de una vieja y dolorosa decisión de borrar las huellas de origen.

János aceptó hablar con su sobrina nieta Alex, a solas, en su escritorio personal, en la calma de su casa en Córdoba.

La complejidad del backstage y del proceso de autoconocimiento que implicó, para cada protagonista, esta experiencia de memoria, no sólo se detonó por la decisión de un sobreviviente de abrir la boca: en el afán por conocer los ingredientes del pasado, Alex comenzó a “cartografiar” los huecos en el relato del tío abuelo gracias a ciertas imágenes fundamentales. Entre ellas, quizás la más intrigante fue un cuadro pintado por una tía de Alex a partir de una fotografía “encontrada”. Alex vio ese cuadro colgado en su living, durante toda su adolescencia. En él (en la foto), posan vestidos con las mismas ropas su abuelo (Jenö Szenti) y otros tres niños. Su tío abuelo Imre, el citado János, y un niño desconocido, que resultó llamarse Arpád. A todos ellos se sumaba una hermana, allí ausente: Klára.

Cada eslabón descubierto por Alex en la historia abrió una ramificación de pérdida, dolor, terquedad y aceptación: un ciclo que ni siquiera ha terminado con la muerte de los viejos.

Arpád, el tío abuelo desconocido por todos los jóvenes de la familia, ese niño que en la foto no tenía nombre antes de que su hermano decidiera hablar, resultó ser cercano a János, y a Klára, en lo menos deseado. Los tres perdieron hijos en campos de concentración nazis. Y esas pérdidas brotaron a la luz, para los nuevos, recién con la investigación de Alex, y la voz de János. Esto es sólo una ínfima muestra del rompecabezas.

Movimientos, borramientos

La familia Szenti es oriunda de la provincia de Szatmár, en la Transilvania “original”, es decir, húngara. Antes de la Primera Guerra el territorio húngaro incluía lo que hoy es Rumania, Eslovaquia y gran parte de lo que conocimos como Yugoslavia; después de la Segunda Guerra y de varios vaivenes geopolíticos, la frontera húngara se retrajo de tal manera que casi toda la región de Transilvania quedó dentro del territorio rumano. Hoy la ciudad principal de esa provincia (en su origen, Szatmár-németi) se llaman Satu Mare. En el libro aparece como Szatmár para evitar confusiones.

Los movimientos y borramientos acompañaron a los Szenti desde los primeros años del siglo XX. Cuando comenzó la Primera Guerra, Zsigmond y Aurelia Szenti (padres del informante János, y de sus hermanos; bisabuelos de Alex) llevaron a sus hijos a Budapest hasta que pasara el temor a una invasión rusa desde Transilvania. Por trabajo siguieron moviéndose, en años posteriores, hasta que regresaron a Szatmár con el “detalle” de haber sido convertidos en ciudadanos rumanos. Luego, los vaivenes geopolíticos les devolvieron la condición de húngaros dentro de Hungría, hasta que Transilvania quedó definitivamente en territorio rumano.

Pero muchísimo más complejos fueron los movimientos y borramientos que atravesaron, cada cual por su cuenta, a partir de sus orígenes judíos.

Jenö Szenti y su esposa (abuelos de Alex) se mudaron a California antes de que estallara la Segunda Guerra. Jenö logró un crecimiento profesional importantísimo en suelo americano, exaltando su talento y su fuerza de trabajo pero ocultando sus raíces hasta a sus hijos. Zsigmond y Aurelia Szenti viajaron un día a visitar a Jenö y estalló la guerra: murieron en Estados Unidos, aunque no dejaron de asistir a sinagogas con un disimulo extremo. Imre Szenti recorrió América de norte a sur, buscando una nueva vida. Arpád Szenti, el hermano sin nombre, se mudó a Palestina de adolescente sin aprobación de sus padres, y después de idas y vueltas se asentó en Israel. Klára Szenti, la hermana ausente en la foto fundamental, corrió otra suerte. “Una bomba explotó entre nosotros, y quedamos desperdigados”, dice János en el libro.

János, la voz que decidió exponer todos los detalles de esa disolución, decidió recomenzar la vida en América del Sur, después de haber vivido el infierno con su propia carne y, por tanto, de haber perdido todo. Y recomenzar quiso decir exactamente eso: suspender los cimientos del ser, guardar en un baúl del cerebro la identidad y comenzar a usar otro traje, quizás contradictorio.

János Szenti murió dejando una familia llena de preguntas pero establecida. Una familia que se asentó en “la parte más prestigiosa, con los vecinos más conocidos” de la ciudad de Córdoba, tal como afirmó Edit, su segunda mujer. Una familia que ha asistido siempre, desde que pisó Argentina, a la Iglesia Católica, donde los hijos “aprendieron la fe”.

¿En qué creen los que pagaron con la carne la tortura del propio origen? ¿En qué deciden creer los que vieron al hombre ponerse el traje de dios? Según Alex, János eligió el catolicismo en Argentina por la misma razón que eligió el Liceo Militar para algunos de sus descendientes: para disimular. Para no ser, nunca más, diferente.

El libro

Entonces el libro intenta mostrar con frondosos collages el núcleo mismo del dolor. Las zonas más inexplicables que las consciencias pueden experimentar en torno a lo errático y arbitrario de la existencia. Los secretos ventilados desnudan un derrotero, desde el sentido más puro del término: la derrota como inicio de un rumbo. Los secretos, desiguales como en toda familia, desnudan un despojo que algunos consideraron necesario para sobrevivir, y otros no. Simplemente porque el sufrimiento es desigual por naturaleza, mientras que la intención de sobrevivir no lo es. Ése es, quizás, el origen de todas las contradicciones.

Quien se sienta extrañamente interpelado por la “forma gráfica”, tan cuidada, de este libro traducido por Gastón Sironi y editado por su sello, Viento de Fondo (quizás la propuesta más original del presente editorial cordobés, con libros que siempre descolocan), tiene que conocer algunas cuestiones. Ante todo, que el resultado en papel de semejante proceso de indagación también llegó luego de sus propios vericuetos: Alex trabajó durante dos años en una versión novelada de la historia familiar y del relato de János que no la convenció, y así llegó, con un tamiz imprescindible del material y las aguas calmadas (de János, de la familia) a encontrarse con su voz preferida: el collage. Por esto, lo segundo que debe saber el lector es que Entonces el libro, en su origen, se llamó The János Book: escrito en inglés, su versión original es bajo la forma de un libro de artista de edición limitada y artesanal, cosido y elaborado por su propia autora, con un formato aún más apaisado (un libro realmente horizontal) que el editado por Viento de Fondo. The János Book ha sido exhibido en distintas galerías de arte norteamericanas, ganó premios y fue adquirido por las universidades de Yale y Stanford y por el Oregon Holocaust Museum.

Hoy, Alex sigue escribiendo y encuadernando sus obras en su taller de las sierras cordobesas. Antes de empezar con esto tenía 20 años; hoy, 39. Dice estar más liviana, tener más esperanza. Y ahora que el libro sale a la luz como versión de imprenta, está dispuesta a poner la cara y a disfrutarlo, como la forma más honesta de agradecerles a los que abrieron la boca.

 (Publicado en Deodoro. Gaceta de Crítica y Cultura n° 30)

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