Poesías completas, de Emma Barrandéguy

Emma-Barrandeguy-Poesias-completasEmma Barrandéguy: Poesías completas.
Ediciones del Copista, 2009. Poesía.

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Cuando llegué con la copa dijo:
–––Gracias, gracias. Los chicos están bailando. Ahora ya puedo beber con tranquilidad. ¿Tiene un cigarrillo? ¿Me lo enciende? Merci. ¿Cómo se llama usted? Es cierto, claro, Emma me lo nombró varias veces. ¡Estos entrerrianos! ¿Su libro…?
–––Acaba de aparecer…
–––Muy bien. Como amiga de Emma, creo que me corresponderá un ejemplar autografiado. La soledad y el… ¿cómo?
––La soledad –dije–. Nada más que La soledad.
–––Oh “solitude de ma mémoire…” –recitó en francés y agregó–: Vaya un título. ¿Por qué no baila? ¿Es usted un solitario?
–––Por favor. Es que no conozco a nadie aquí, y Emma no ha venido.
–––Bueno, pues no lo creo. No creo que usted sea tímido. ¿Y Emma? ¿Por qué no vino?

Así describe Juan José Manauta en el cuento “Paula”, publicado en 1961, su aparición en una tertulia de intelectuales en Buenos Aires y la conversación inicial con la dueña de casa.

Emma es, sin dudas, la mismísima Emma Barrandeguy, entrerriana nacida en Gualeguay en 1914 y que por los años de este cuento trabajaba como secretaria privada de Salvadora Onrubia de Botana.

No es un guiño liviano, un chiste interno entre amigos. Cuesta mucho imaginar un pueblo que no llegaba a los 40 mil habitantes en la década del sesenta y que probablemente haya reunido en una misma esquina a Emma Barrandéguy, Alfredo Veiravé, Carlos Mastronardi, Juan José Manauta y Juan L. Ortiz. Un vastísimo mapa de la mejor literatura argentina bajo la luz mortecina de una lamparita de bocacalle, meciéndose con el viento suave de la noche.

De esa constelación, la voz menos conocida y reconocida tal vez sea la de Emma Barrandéguy, a pesar de la calidad de su obra. Si los misterios de la vida o los caprichos del mercado tienen que ver con la poca difusión que ha tenido, no lo sé, pero sí se puede sospechar que cultivó un bajo perfil (falleció en 2006, en Gualeguay, donde decidió pasar los últimos años de su vida). Viví una década en otra ciudad entrerriana, a ochenta kilómetros, y no escuché su nombre hasta hace poco.

La poesía de Barrandéguy tiene una virtud que todo adolescente le reclama a sus artistas favoritos: que cada libro, que cada disco, que cada película, sea mejor que la anterior, que lo siga sorprendiendo y elevando, sin pensar en las propias condiciones del artista, en su amesetamiento, en el inexorable paso del tiempo. Y es que el recorrido de sus libros, reunidos en las Poesías completas por Ediciones del Copista, no permite renunciar al asombro. Su primer libro publicado (Poemas, 1934-35) comienza con “Posición”:

Camaradas: alegría alegría.
Tendamos sobre la ciudad de los días lisos la fresca y
áspera canción de nuestras voluntades.

Es una adhesión lisa y llana a los manifiestos artísticos que pululaban en la época con la esperanza de que la correntada que venía del este pudiera hacer con el mundo algo mejor que lo que se conocía.

Sin embargo, no publicó un libro tras otro, ni se fue acomodando a las tendencias epocales. Por el contrario, entre ese primer libro y el segundo, Las puertas, pasaron 30 años, para recién allí iniciar cierto recorrido ininterrumpido pero de largo aliento.

La poeta fue buscando su voz, su tono, atravesando distintas etapas de la poesía argentina, distintas hegemonías efímeras, incluso distintas tradiciones, a veces naturalizando el territorio de su provincia como un espacio sólido desde donde brindar batallas ideológicas, otras veces con una creciente preocupación, o mejor diría curiosidad, por orientar sus poemas como un programa metaliterario, como en “García Márquez”, poema fechado en 2005:

¡Oh Garcías del mundo!
Si a los noventa años
querías para vos
una niña virgen,
quiero decirte que a los noventa y uno
tengo para mis manos
una mujer esbelta
con tres hijos al lado
y que mis dedos arrugados
acarician sus hombros
y beso sus pechos
como nunca lo hice.
Perdóname, padre del famoso Macondo,
desde Gualeguay te saluda esta vieja
con sus manos y su boca colmadas.

Hay poetas que parecen estar delante de su tiempo, delante incluso de la generación de condiciones para ser leídos por una periferia mediana en un futuro cercano. Barrandéguy se mete con tópicos que por ahora solo pueden ser digeridos como notas de color en esos ambientes en donde con la poesía se come, se cura, se educa.

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